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8 REGALOS QUE NO CUESTAN 1 CENTAVO

Ilustración De Un Paquete De Dibujos Animados De Regalos De ...

1.- El regalo de escuchar
Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar o criticar. Solo escuchar.

2.- El regalo del cariño
Ser generoso con besos, abrazos, palmadas en la espalda y apretones de mano, estas pequeñas acciones demuestran el cariño por tu familia y amigos.

LAS DOS CAROLINAS

En muchos aspectos Carolina Suárez era una niñita muy simpática. Su cabello era largo y brillante, tenía lindos ojos azules, y cuando estaba bien vestida y lista para irse a la escuela, los que la veían sin duda pensaban que no había en todo el mundo una niñita más bonita que ella.
Pero había dos Carolinas. Una era la de la casa, y la otra de la escuela. La Carolina de la casa se quedaba en la puerta cada mañana, y volvía a entrar por la tarde antes de la cena cuando la Carolina de la escuela volvía.

RANA DE POZO


“Para que repetir los errores antiguos habiendo tantos errores nuevos por cometer”.
Bertrand Russel
Tomado del libro “Salió el sembrador” de Carlos Vallés.

E
n un pozo profundo vivía una colonia de ranas, allí llevaban su vida, tenían sus costumbres, encontraban su alimento y croaban a gusto haciendo resonar las paredes del pozo en toda su profundidad.
Protegidas por su mismo aislamiento, vivían en paz y solo tenían que guardarse del tobo que, de vez en cuando, alguien echaba desde arriba para sacar agua del pozo. Daban la alarma en cuanto oían el ruido de la polea, se sumergían bajo el agua o se apretaban contra la pared, allí esperaban conteniendo la respiración hasta que el tobo, lleno de agua, era izado otra vez y pasaba el peligro.

EL PROFESOR BOMBÓN

Autor: Eva María Rodríguez
Edades: A partir de 4 años
Valores: Bondad, amor, sacrificio, admiración. 

El profesor Bombón era uno de esos tipos extravagantes con pinta de científico loco, con el pelo revuelto, gafas redondas y cara de estar siempre concentrado en algún invento.
Pero, en realidad, el profesor Bombón ni era científico ni estaba loco. Y lo que tenía entre manos no eran inventos. Bueno, a lo mejor sí, porque lo que hacía el profesor Bombón era imaginar y escribir historias, aunque no tantas como él querría. 
En realidad, el profesor Bombón se llamaba Felipe Casas. Pero todo el mundo le conocía como profesor Bombón porque todos son cuentos los finalizaba de la misma manera:

EL REGALO


Un destartalado autobús rodaba penosamente por una carretera rural. En uno de los asientos, un anciano sostenía un hermoso ramo de flores recién cortadas, que iban perfumando el aire enrarecido. Dos asientos más allá, viajaba una linda joven que no podía dejar de mirar el ramo con ojos asombrados. Llegó el momento en que el anciano tenía que bajarse. De pronto y, ante la sorpresa de todos los pasajeros, le regaló el ramo de flores a la muchacha que tanto las había admirado.

EL CORCHO

Hace años, un supervisor visitó una escuela de secundaria. En su recorrido observó algo que le llamó la atención: una maestra estaba atrincherada detrás de su mesa-escritorio, los alumnos estaban en enorme desorden; el cuadro era caótico.
Decidió entrar y presentarse:
– Buenos días, soy el Supervisor de turno. ¿Algún problema?
– Estoy abrumada, señor; no sé qué hacer con estos chicos …… no tengo láminas, el Ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni que decirles….

EL ÁRBOL TRISTE (Anónimo)

E
n un lugar y en un tiempo de los que no ha quedado constancia en parte alguna, había una vez un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.
Todo era alegría en el jardín; todos estaban contentos. Bueno, todos, no… Había un árbol que, desde hacía ya un tiempo, se le veía profundamente triste. El pobre vivía sumido en un gravísimo problema: «No sabía quién era porque no daba ningún fruto».

UNA ROCA EN EL CAMINO

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino.
Luego se escondió y observó para ver si alguien quitaba la roca.
Algunos de los comerciantes más adinerados del reino y cortesanos pasaron por el camino, y simplemente giraron y pasaron al lado de la roca.
Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra del camino.

CRUCE DE CAMINOS


Érase una vez, un hombre que vivía muy cerca de un importante cruce de caminos. Todos los días, a primera hora de la mañana, llegaba hasta allí donde instalaba un puesto rodante en cual vendía bocadillos que él mismo horneaba. Era sordo, por lo tanto, no escuchaba la radio, no veía muy bien, entonces ni un sólo día leía diarios. Pero eso sí, vendía exquisitos bocadillos.

¿A QUÉ LE TEMES?

Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mí mismo.
Temía fracasar, hasta que me di cuenta de que únicamente fracaso si no lo intento.
Temía lo que la gente opinara de mí, hasta que me di cuenta de que de todos modos opinarían de mí.
Temía me rechazaran, hasta que entendí que debía tener fe en mí mismo y en Dios.
Temía al dolor, hasta que aprendí que éste es necesario para crecer.

LA FRUSTADA DECISIÓN DE LOS CANGREJOS


Hubo cierta vez una reunión muy importante en el fondo del mar. Era la reunión de los cangrejos. La había convocado uno de los más viejos para tomar en ella, lo que él pensaba, era una decisión muy importante. Acudieron pues cangrejos de todos los mares, desde los que llegaban de mares pequeños y aguas tranquilas, hasta los que procedían de los océanos más agitados. Aún aquellos que vivían en los ríos contaminados mandaron a su delegado.
La reunión se abrió puntualmente. El viejo cangrejo tomó la palabra y dijo:

El árbol triste

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: No sabía quién era. 
Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano: 
- Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es? 

Los dos Halcones del Rey

Había una vez un rey que vivía en un lejano país. Era bien conocido en todo el reino que era un gran amante de los animales, así que en cierta ocasión, recibió por su cumpleaños un regalo que le hizo muy feliz. Se trataba de dos simpáticas crías de halcón.
El rey se entusiasmó. Eran preciosas y parecían dos bolitas de algodón.
– ¡Qué suaves son! – dijo a su familia mientras las acariciaba – ¡Voy a hacer de ellas unas expertas cazadoras! ¡Que venga ahora mismo el maestro de cetrería!

La carreta

Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:
Además del cantar de los pajaros, ¿escuchas alguna cosa más?
Agudicé mis oidos y algunos segundos después le respondí:  Estoy escuchando el ruido de una carreta.
Eso es -dijo mi padre-. Es una carreta vacía.
Pregunté a mi padre: ¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la vemos?

El país de las muletas

En un lejano país, un rey salió a combatir al frente de sus soldados y, en el fragor de la pelea, le hirieron gravemente en uno de sus muslos, se le gangrenaron las heridas y, para salvarle la vida, tuvieron que cortarle la pierna. Regresó a su reino y, para poder caminar, fue necesario que se ayudara en unas muletas. Para solidarizarse con su rey, su Primer Ministro comenzó a caminar él también apoyado en unas muletas a pesar de tener sus dos piernas en perfectas condiciones. Pronto, comenzaron a imitarles los muchos arribistas y jaladores que nunca faltan, y a los pocos días, casi toda la población de aquel país andaba con muletas. Con el tiempo las muletas pasaron a ser símbolo de distinción y jerarquía: los ricos las hacían con las maderas más finas y les incrustaban joyas y piedras preciosas, los comerciantes se apresuraron a montar varias fábricas de muletas y a vocear sus ventajas funcionales, comenzaron a ser despreciados y tenidos por bárbaros los que todavía caminaban sin muletas, y muy pronto en las escuelas se empezó a dar clases de cómo caminar con muletas, barnizarlas y cuidarlas.

Un error afortunado

En el salón de clase había dos alumnos que tenían el mismo apellido: Urdaneta. Uno de los Urdaneta, el más pequeño, era un verdadero dolor de cabeza para la maestra: indisciplinado, poco aplicado en sus estudios, buscador de pleitos. El otro Urdaneta, en cambio, era un alumno ejemplar.

El secreto de la felicidad


Hace muchísimos años, vivía un sabio del que se decía que guardaba en un cofre el secreto de la felicidad. Los reyes y señores más poderosos de la tierra le ofrecían al sabio sus fortunas y poderes para que les mostrara el contenido del cofre. Algunos incluso intentaron arrebatarle el cofre por la fuerza, pero todos sus esfuerzos resultaron vanos pues como el hombre era muy sabio siempre se las ingeniaba para que nadie encontrara su cofre.

EL SUEÑO DE LOS TRES ÁRBOLES

En la cumbre de una montaña, tres arbolitos soñaban lo que les gustaría ser cuando fueran grandes.
El primero suspiró y dijo mirando las estrellas:
- A mí me gustaría estar siempre repleto de oro y piedras preciosas. Yo seré un baúl donde guardarán los tesoros más preciados.
El segundo arbolito miró un arroyo que corría cerca de sus pies y dijo: